Con mi lactancia, NO TE METAS.

– “No te metas con mi lactancia”.
… Quizás eso nos diría (y a terceros) nuestro bebé si pudiera hablar….
Quizás nos diría:
– “Con mi lactancia no te metas mamá, no me pongas horarios, no me separes de tus pechos, de tu piel, tu calor, de tu amor, que eso es todo lo que necesito en el mundo para vivir y ser feliz”.
– “¿Te sentís triste mamá? Lo sé, yo mamo tu tristeza y la siento mía”
– “Mamá! ¡Estás feliz!, felicidad que endulza tu leche y me alegra el alma!”
– “Mamá; Tuviste un mal día en el trabajo. Te duele la pelea con papá. Las noticias que te dieron hoy no eran las que esperabas. No sabes como hacer todo lo que tenés que hacer y ya no te quedan fuerzas. Te sentís sola e incomprendida. Te miras al espejo buscándote y esa imagen que ves no sos vos…. LO SÉ TODO MAMÁ, no hace falta que te escondas en el baño para llorar, no hace falta que me envíes a casa de mis abuelos para discutir con papá, no hace falta que te preocupes por cosas que no podes manejar, esos platos y ropas por lavar pueden esperar, no estas sola mamá, yo estoy acá contigo y AHORA necesito mamar, si, AHORA, no puedo y no debo esperar, ¿sentís que te estoy agobiando mamá? Si…. Yo me siento agobiado, por eso lloro, ahora necesito mamar y no estas, me estás cargando en brazos, aguantando tu llanto, llorándolo yo, y vos no estas. Quiero alimentarme mamá, necesito que te encuentres porque necesito TU AMOR, dejame ayudarte. Acá estoy mamá, en tus brazos, apagá ese teléfono, dejá de pensar en lo que pasó y de imaginar lo que será, encontrate ahora porque sé que cuando realmente te veas, vas a dejar de sentirte así. No mamá, no busques un espejo ahí no estás, no, no pienses en lo que creés que tenés que hacer para ser vos y ser feliz. Respirá, respirá profundo mamá, poné tu mente en blanco y AHORA SOLO DAME DE MAMAR”…
– “Te estoy mirando mamá, mientras me alimento de tus pechos y de lo que sos. Mirame mamá, ¿me ves?, soy perfecto ¿verdad?, ¿sentís el AMOR con el que te miro?, ¿ves el AMOR en mi?… Sí mamá, ahí lo ves, pero no, no dejes de mirarme que aún tenés que encontrarte; mirá mis ojos, miralos detenidamente… ¡Ahí estás mamá! Ese AMOR que ves SOS VOS, SOS PERFECTA TAL Y COMO SOS Y LO SÉ PORQUE SOY UNA PARTE TUYA, SOY VOS AHORA, sólo por un momento más soy tu reflejo, así que no te enojes conmigo por demandar tus pechos, tu piel, tus brazos porque eso es todo lo que necesito para prepararme para hacer frente al mundo que me espera. Y sí, me pongo más demandante cuando te sentís mal, para que me veas y te veas a través de mis ojos, y recuerdes lo que SOS, porque es cuando más lo necesitás … y así, lentamente me quedo dormido en tus brazos, sabiendo que el día en que deje de mamar, será el día en que ya no necesites que te recuerde que sos perfecta tal y cómo sos, que sos amor y que tenés en vos todo lo necesario para hacer frente a lo que sea, y lo sé, porque sé que ese día, también será el día en que me hayas nutrido lo suficiente con tu amor para saber que yo tambien soy amor, que soy perfecto tal y como soy y que tengo en mí todo lo necesario para hacer frente a lo que sea que me depare la vida”.
– “AHORA , DAME DE MAMAR MAMÁ, COLMAME DE TU AMOR , QUE YO, EN ESTE BREVE AHORA, SOY VOS Y VOS NECESITAS DE TU AMOR”.

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La maternidad: el catalizador más potente de autoconocimiento.

Pienso que de la maternidad parte todo, todo y para todos, seas hombre o mujer y tengas hijos o no. Creo que “la maternidad” nos pone cara a cara con nosotros mismos, de la forma más visceral posible, estemos listos o no para “vernos”.
Incluyo a todos al decir esto, porque si nos detenemos a pensar, en este mundo donde existe tanta diversidad, donde cada uno es único e irrepetible, donde estamos hombres y mujeres (y todo lo que encajaría en el medio), diferentes países, idiomas, creencias, costumbres etc, hay algo, además de la muerte, que nos hace iguales a todos los seres humanos del planeta, a Nikola Tesla igual a (nuestro) Carlos Portillo, al Papa Francisco igual a Hitler, a la madre más amorosa y protectora del mundo igual al más detestable violador y asesino de niños; y eso es que; todos ellos y todos nosotros, llegamos a este mundo a través de una madre, a través de la maternidad… Las formas, experiencias, circunstancias, eventos que van en el medio difieren, pero el principio y el fin, es el mismo para todos. No sabemos cómo o cuándo vamos a morir. De cómo llegamos al mundo quizás sabemos algo más, lo que nos dicen, lo que nos acordamos… Pero tampoco es que tengamos tanta luz sobre el tema.
La epigenética nos prueba hoy en día que en casos de vientre de alquiler, (donde la mujer solo aporta la panza y el cuerpo para el crecimiento del bebé y el adn del bebé está conformado de dos personas distintas a ella) la mujer, ese vientre de alquiler, tiene “el poder” incluso de alterar parte de ese adn ajeno a ella con su estado emocional y sus comportamientos durante la gestación (claro que la estructura del adn no es la que se modifica por ello, osea, si los padres son rubios y de tez blanca y el vientre de alquiler es una mujer de piel negra, no es que el bebé pueda llegar a ser negro) pero si puede tener las mismas tendencias a adquirir ciertas enfermedades como ella, o el temperamento, o las mismas habilidades que la mujer, como por ejemplo para la música o las artes, aunque sus “padres biológicos, de adn”, no tengan ninguna de esas características, y todo eso sólo por estar 9 meses dentro del vientre de ella… ¿Tenemos memoria de cómo pasamos esos 9 meses nosotros? O al menos, ¿nos acordamos realmente de como fueron, pero sobre todo, como nos “sentimos” en nuestros primeros años de vida?… Creo que no, a lo mejor me equivoco, pero nadie o casi nadie, lo sabe tal cual, por lo general lo que “sabemos” de ese período es lo que nos contaron, (o como dice Laura Gutman, tenemos: “El Discurso Materno” o el paterno, o abuelesco, etc,…) según quién se encargó de nosotros esos primeros años de vida, y si llegamos a preguntar, nos dicen lo que creen ellos que nos gustaría escuchar, o nos dan “su versión”. Es común que no se quiera nombrar las cosas malas que pasaron, o “los secretos”, casi siempre para evitarnos el “sufrimiento”, pero si ellos lo sufrieron, aunque que no nos lo digan, ese sufrimiento ya forma parte de nosotros.
Hoy sabemos mucho más que antes, como afecta el estado emocional de una mujer gestante a su bebé en el vientre, sabemos (hay estudios que lo muestran) que el dejar llorar a un bebé en la cuna, eleva su niveles de estrés y cortisol y que si luego de repetir esa práctica un número de veces suficientes para que el bebé al dejarlo solo en la cuna, ya no llore, no es porque haya “aprendido a gestionar su necesidad” sino más bien, aprendió que el expresarse para pedir comida, cariño o compañía no tiene sentido porque nadie acude a su llamado y se “adapta” a eso dejando de llorar, se siente abandonado, le es familiar funcionar con altos niveles de estrés y cortisol en su sistema, pero se adapta, porque esa es una cualidad que tenemos todos, la de adaptarnos al entorno y circunstancias con tal de sobrevivir.
Con tal de sobrevivir, hacemos muchas cosas, como tejer una serie de argumentos y justificaciones para eventos que pudieron ser muy duros para nosotros, o traumáticos, y que de mirarlos tal cuál fueron quizás no nos permitirían funcionar, por lo tanto nos creamos una historia alterna y enviamos esa realidad, que para nosotros fue dolorosa, al inconsciente.
Pero entonces, si todo eso que es determinante para nuestra vida, está fijado ya desde esos 9 meses en la panza y los primeros años de vida en el plano inconsciente, y además también sabemos que las decisiones que tomamos a diario se realizan en ese plano y luego a nivel consciente le damos su explicación, ¿no sería pensar que vamos por la vida como zombies sin libertad, sin entender nunca porque hacemos lo que hacemos o vivimos como vivimos? Y lamentablemente si, (no todos, pero quizás la mayoría) resulta duro afrontarlo, pero sí menos duro de lo que, por lo general, nos resulta tomarnos el trabajo de autoindagarnos y conocernos a profundidad. Resulta más fácil, buscar culpables, responsabilizar a otros (o a factores externos), que piensen por nosotros, que se hagan cargo de la responsabilidad por nosotros, en lugar de ser realmente libres, porque para ser libres tenemos que conocernos a cabalidad, incluso en aquella parte que ocultamos de todos, hasta de nosotros mismos.
Si te parece exagerado lo que escribo, lo entiendo, pero igual creo que es así, de no serlo, no escucharíamos tan a menudo frases como: “si Dios quiere”, “es la cruz que me tocó cargar”, “es mi karma”, “sé que no debo hacerlo pero no puedo evitarlo”, “es que soy así”, “el estado/la educación/la sociedad/mis padres/mi esposo/a etc etc tienen la culpa” o poniéndonos románticos puedo nombrar la típica frase “sé que no me conviene, pero lo/la amo”. En otro momento profundizaré más sobre esto, pero cierro esta idea citando a Carl G. Jung: “Hasta que lo inconsciente no se haga consciente, el subconsciente seguirá dirigiendo tu vida, y tu lo llamarás destino”.
Volviendo al tema, y después de darle vueltas y vueltas al asunto durante mucho tiempo, concluyo que para conocernos necesitamos ver la maternidad, indagar en ella, creo que las mujeres que no tienen y no quieren tener hijos (y los hombres también) encontrarán en el maternaje que tuvieron, respuestas y motivos más reveladores de los que manifiestan cuando alguien impertinente (o no) le cuestiona sobre el por qué de esa “decisión”. Encontraremos en nuestra maternidad (sea la propia o la de nuestra madre con nosotros) las razones reales de nuestras decisiones, de nuestros patrones de comportamiento y la base detrás de nuestros anhelos, sueños y miedos.
En el caso de que ser madres, la maternidad nos golpea por segunda vez, quizás de manera más notoria que la primera, porque aunque no entendamos el fondo, ahora nos encontramos nosotras como madres pero también como hijas (porque todo aquello vuelve a aflorar) y además de todo ese bagaje, el parto, el sostenerle por primera vez a nuestro bebé, mezclado con las hormonas alteradas, la sensibilidad a flor de piel y esta vez lo recordamos! (Que maravillosa oportunidad para descubrirse a una misma haciendo un curso acelerado, intensivo y reforzado).
Pero no basta con ser madres, tampoco. Podría considerarlo como una ventaja sólo si es aprovechada, viéndonos, en permanente contacto con nuestras emociones y mirando para adentro en lugar de hacia afuera.
¿Y cómo logramos hacer consciente aquello de lo que no somos conscientes y no tenemos memoria? Prestando atención a nuestro día a día, nuestro inconsciente se manifiesta todo el tiempo, regalándonos constantes pistas… Está presente en los juicios que hacemos (no ese simple e impersonal “estoy/o no de acuerdo con esto” me refiero a aquellos que van cargados de emociones dónde incluso sin conocer a la persona o las circunstancias, podemos ser realmente despiadados al emitir nuestro “juicio”). Está presente en nuestras adicciones, en nuestros excesos, en nuestros patrones de conducta. Está presente en aquellos momentos en los que hacemos algo y luego decimos “no se que me pasó”, está en esas historias que contamos a nuestros mejores amigos a modo de catarsis, las que finalizamos diciendo “no se por qué me pasa siempre lo mismo a mí”. Está en nuestras reacciones desproporcionadas. En los llantos repentinos, los que no podemos controlar y que no tienen motivo aparente. Está presente cuando nos paralizados. En nuestros fanatismos, en todo lo que está desmedido (sobre protección o negligencia, apatía general o no poder parar un segundo de hacer algo o de hablar). Está en nuestras incoherencias, en todo aquello que entendemos y sabemos que no deberíamos hacer pero no podemos evitar hacerlo. En esas personas o situaciones que nos hacen decir cosas como “me enferma”, “no lo tolero”, “me puede llegar a matar”. Está en ciertos aromas… Y así, millones de ejemplos más, lo tenemos todo enfrente, todo el tiempo, solo hay que vernos y ocuparnos de ello. Quizás, si cada uno se ocupara de conocerse en realidad, seríamos mejores, tendríamos una mejor vida, tendríamos mejores relaciones (no podemos conectarnos realmente con nadie sin conectarnos con nosotros primero, ni siquiera con nuestros bebés).
Si nos conocemos a nosotros mismos, podemos amar incondicionalmente, podemos decidir.
Y ahora hablando sólo como mujer y madre; si nos ocuparamos de nuestra maternidad y de conocernos a nosotras mismas, dejaríamos de juzgar a otras madres, dejaríamos de sentirnos más o menos madres por haber tenido una cesárea o un parto normal, por hacer colecho o dormirlo en una cuna, por amamantar o dar fórmula o porque nuestro hijo/a caminó y habló a los 2 meses (es exageración), pero dejaríamos de competir, de comparar y no nos afectaría en nada lo que otras personas puedan opinar o decir de nuestro maternaje. No necesitaríamos buscar aprobación. Si nos conociéramos en verdad, sabríamos que por más mala que haya sido nuestra infancia, nuestra gestación, o nuestra madre, ella simplemente hizo lo mejor que pudo hacerlo, en ese momento y en esas circunstancias. (Esto no se trata de culpar a mamá, se trata de comprender y conocernos para así poder cambiar aquello que queremos cambiar).
Si nos ocuparamos de verdad de la maternidad y de conocernos a través de ella, no sólo seríamos libres, liberaríamos a nuestros hijos de cargar con nuestras carencias y liberaríamos a nuestros padres de la “culpabilidad”.

La historia de mi cumpleaños.

Había comenzado a escribir la segunda entrada del blog, pero entre lo largo que se me hizo y las innumerables interrupciones de mis hijos, aún sigo en ello… Así que hoy hablaré de mi cumpleaños.
El sábado pasado, 15 de Septiembre, cumplí 32 años (a veces siento como si tuviera 90). De niña me encantaba inflar globos y ayudar a preparar los cumpleaños de mis hermanas, sobrinas… Pero cuando me dieron a elegir entre festejar los míos o darme dinero para que yo eligiera mis regalos, sin dudar opté por lo segundo, y eso sigue hasta ahora. Capaz tenga que ver con la parte antisocial mía, o con los pequeños dramas que surgen al hacer una lista de invitados donde siempre hay personas a las que “tenes que” invitar pero no querés (ese es el motivo principal, además, en la mayoría de las ocasiones festejarlo me parece un gasto y estrés innecesarios).
Después de haber festejado el primer año de nuestra hija #1, y “tener que” festejar el primer año de la #2 y del #3, (veremos si con el #4 ya no nos volvemos a poner en esa situación, espero que no) decidimos como familia que en los siguientes años sería el/la cumpleañero/a quién decida que se haría ese día y cómo le gustaría pasarlo.
Bajo el lema (inventado por la #1) “Él/La que cumple años MANDA”, hace un par de semanas que mi esposo cada tanto me preguntaba qué quería hacer ese día, y el único deseo recurrente era: DORMIRRR!! Dormir, descansar, tirarme en el sillón sin “tener que” hacer nada, en silencio total, que toda la casa esté ordenada para no sentir como me observan los pendientes, las montañas de ropas por doblar o juguetes que juntar, platos por lavar.. Etc.. Y así sólo poder estar, dormir, sin sentir culpabilidad, (confieso que esa es mi fantasía diaria), que luego de comentársela a mi marido (y reírnos de la lejanía de esa posibilidad) terminaba la conversación diciendo: “vamos a ver como se da ese día”, con esperanzas, ya que el 15 de septiembre caía sábado este año y al ser fin de semana tenía más posibilidades, no era día de clases o trabajo y casi cualquier propuesta de actividad que no quisiéramos, la podíamos rechazar.
Tengo que reconocer que por un lado me siento muy bien, acabo de cumplir 32, pasé por varias situaciones extremas, tengo 4 hijos, pero aún no pierdo la inocencia, (quizás sea cierto eso de que la esperanza es lo último que se pierde).
A medida que se acercaba la fecha, la #1 nos reúne a su papá y a mí y nos da una sorpresa; un aviso del colegio donde decía que ella había quedado clasificada para la ronda final del regional de OMAPA (Olimpiadas de Matemáticas de Paraguay). Wowww!! Que maravilla!! Estábamos felices y en modo “padres babosos”, qué mejor que ver a tu hija ir logrando sus metas, más aún cuando el mérito es sólo de ella, al igual que las excelentes calificaciones que trae cada año. Su papá y yo, no nos preocupamos de que estudie o haga las tareas, ella se ocupa de eso, sabe que esa es su responsabilidad y aunque sí estamos disponibles para ella en caso de que necesite ayuda, nunca hemos hecho las cosas por ella, ni prepararle la mochila ni salir desesperados un domingo a las 9:30 de la noche a buscar una cartulina plateada que tenía que llevar al día siguiente y se olvidó de avisar, si por eso pierde un punto, está bien, la próxima ya no se va a olvidar. Si algo aprendí de mi madre, es a no ser rompebolas en ciertos temas, (específicamente en esos temas en los que ella era extremadamente rompebolas). Así que este logro de mi hija también supone un logro para mí de una manera diferente… Para mí, porque lo consiguió ella sola, porque ella quería y se ocupó de ello, no para satisfacer mis espectativas o darme una felicidad, sino por y para ella, y eso me encanta porque sé que eso va forjando su autoestima, va conociéndose a sí misma y descubriendo lo que es capaz de hacer. Wowww!! ¡¿Qué mejor regalo de cumpleaños que eso?! Y digo “regalo de cumpleaños” porque en el aviso, más abajo decía: “… Presentarse en la sede tal… El sábado 15 de Septiembre a las 7:00hrs para la acreditación, 8:30hrs inicio de examen.. 14:00hrs premiación…”
Genial! Ya sabía cómo iba a pasar el día de mi cumpleaños, FELIZ ACOMPAÑANDO A MI #1!! , (aunque tenga que esperar a cumplir 33 para poder dormir).
Par de días después, mi esposo me recuerda que me había mencionado un desfile por el aniversario #80 de su colegio y que él quería participar, que sería a la mañana temprano y que para el mediodía ya iba a terminar. Le dije que si quería participar que lo haga, que me parecía bien (la verdad que no comparto mucho eso de los desfiles y demás, pero como sé que son bastante fanáticos de su colegio, lo entendí) y a continuación le pregunto: -“¿cuándo es?” Y a que no adivinan que fecha era… ¿No?… Si!! Claro!! Era el sábado 15 de Septiembre!! ¿Qué otra fecha podía ser? (¿ya se dan cuenta porque digo que a pesar de mis años, mi marido, mis hijos y mi vida, aún mantengo la inocencia?… Esa no me la venía venir). Pero…!! Pensé que el no iría, ya que estaba lo del examen de la #1 y que ese día “mandaba yo”… Días después, cuando se puso a buscar su insignia y uniforme recién caí, (jaja jaja pobre ilusa).
Acá les dejo unas fotos y resumen de como pasé mi cumple…
1° Tradición: Esperar las 00:00hrs para cantar cumpleaños y apagar las velas con el correspondiente deseo..

Igual me cantaron, con velas y deseos…cumplimos la tradición, un poco antes porque el #3 se despertó con la foto, vió la tarta de frutilla y ya no pudo esperar, además, #3 y #4 comenzaron con un cuadro virosico esa tarde, con mocos, etc etc, y mejor evitar que se pusieran chinchudos. Yo tenía toda la intención de comer e ir a dormir, pero faltaban preparar algunas cosas para el día siguiente así que terminé acostándome horas después.

2° Tradición: La de cumpleaños manda, o Hoy se hace lo que yo quiera…

Evidentemente para que una familia de 6 integrantes con un solo baño con ducha en la casa esté lista y llegue puntual a un lugar (previendo todos los inconvenientes que se pueden presentar) requiere un trabajo de logística muy serio y muchos relojes despertadores repartidos por la casa (ya estaba arriba nuevamente a las 4 a.m. cuando me había acostado a las 2 y pico de la madrugada). Pero super! Llegamos a hora… Con la cantidad de gente que había y yo con mi tropa, la mochila con los pañales, cambios de ropa y mi infaltable tereré… #4 adelante, #3 atrás (ambos en el mei tai, que gracias a Dios existe porque sino, no se que hubiera hecho, esa mañana estaban de pocas pulgas), #2 iba de mi mano y #1 a mi lado, caminando feliz y emocionada. Nos dió perfecto el tiempo de llegar, ubicar al equipo de su colegio, a sus profes, y para dar un recorrido por el lugar, para evitar el llanto del #3 mientras esperábamos el inicio del examen.
Fue una placentera caminata matutina, a través de un mar bravo de personas, mientras #4 mamaba plácidamente dentro del mei tai y cada tanto sacaba la cabeza para mirar a las voces que estaban alrededor, dejando mis tetas al aire para que puedan nutrirse de los rayos del sol, (y de miradas incómodas), a la vez #3 me susurraba al oído, una melodía de llanto suave pero constante, acompañada de una amalgama de lágrimas y mocos, que corrían cuál manantial por mí espalda anestesiada de dolor. La #2 apenas dejaba que le diera la mano, mientras apuraba el paso buscando el parque… Y yo sintiéndome culpable por no poder estar sentada al lado de la #1, acompañándola. Creo que los astros estaban alineados esa mañana o quizás porque estábamos en un colegio católico, pero en medio de todo eso, se suelta la correa del tereré, en el momento exacto para que toda el agua y yerba que traía, cayeran en el lugar justo para bautizar los zapatos que estaba estrenando.
Mientras #1 rendía y #2, #3 y #4 estaban trepados a mí, yo esperaba que terminara el desfile y mi marido llegara para ayudarme a contener el inevitable berrinche en manada que estaba por suceder, o me conteniera a mí de una posible versión II de la película “Día de Furia”. Cuando en mis pensamientos ya no tenía palabras agradables para mi esposo, y su demora en volver, me llega un mensaje.
Era mi suegra, enviándome esta foto:

No podía ser más (in)oportuno, ¿verdad?. Impulsivamente respondí (contorsionismo de por medio para la foto) : “Y yo estoy así”… Selfie mía con sus 3 nietos menores, insertada (dicen que una imagen vale más que mil palabras) y mensaje enviado. Sólo eso… Mientras mi cabeza seguía respondiendo a la foto de mi marido cosas que no valen la pena comentar acá, pero que se las dije en persona más tarde ese día … En cuanto a mi suegra, creo que la foto enviada en respuesta, cumplió su cometido.
Hora y pico después, toda esa tensión a punto de estallar, se olvidó por completo al ver la carita sonriente de la #1 saliendo del examen directo a abrazar a sus hermanitos y a mí… Fuimos rumbo a la salida y a mitad de camino se nos une “el niñito de 43 años con su disfraz de colegial”, ¡Al fin, equipo completo!
Almorzamos por ahí cerca, (me pedí una deliciosa pasta vegana de remolacha y cuando está lista veo que la habían llenado de queso rallado… Me la devoré igual.. Ya no quedaban energías para protestar por la comida) y luego del almuerzo de nuevo a la sede para la premiación.
No pudo haber terminado mejor, nuestra #1 todavia tenía una sorpresa más para nosotros:

Babeando y emocionados hasta las lágrimas de FELICIDAD, equipo completo, volvimos a la casa…. Mientras esperábamos turno para la ducha, a lavar platos (porque si me sentaba, me dormía y ya no me volvía a levantar), terminamos la segunda tanda de preparación familiar del día y salimos a cenar para festejar…
Iba a brindar con un vaso de cerveza que venía posponiendo hace tiempo, pero el brazo del #4 llegó antes que el mío para volcar la cerveza en la mesa y hacer compañía al jugo de naranja derramado minutos antes por el #3. La #2 sentada como una lady con vestidito y dos coletas parecía preferir sus mocos al menú de la cena. La #1 comía sin sacar los ojos de su medalla, que llevó puesta.. Y #5, mi esposo, comía mientras se le cerraban los ojos del cansancio. Yo no me había vestido elegante ni maquillado, no hubo charla romántica, ni momento de paz, a excepción del logro y la medalla de la #1, fue un día normal.
Esa noche, cuando ya estábamos todos acostados me acordé de algo… Cuando cumplí 15 años, les pedí a mis padres que me regalaran una filmadora de mano, para poder filmar mis partidos, los países y personas que conocía en las giras (antes, en una de mis otras vidas, era tenista y competía a nivel junior y profesional) y con la filmadora durante las giras, había una pregunta que le había hecho a mis compañeras y casi a cualquiera que se dejara filmar: “si mañana fuera tu último día de vida, ¿que harías?”… Recuerdo que todas teníamos planes fuera de lo común para ese último día, desde comer el mejor plato del mundo en una cena romántica y caminar por la playa al atardecer, hasta tirarse en bungee con las amistades y hacer una fiesta donde estarían las personas queridas, etc etc… Todas las respuestas, algunas más realizables que otras, sonaban bien, divertidas, interesantes. Al volver de la gira, se me ocurre mostrarle el video a mi mamá, ella se rió y dijo: “adolescentes”, de manera que a mí, me sonó a burla, y yo no entendía por qué, entonces le hice la misma pregunta a ella (suponiendo que iba tener una respuesta mucho más espectacular que cualquiera de las que ya había escuchado) y si yo, ya no entendía el motivo de su burla, mucho menos entendí su respuesta. Ella contestó: “Si fuera mi último día de vida haría lo mismo que hago todos los días, me levantaría a prepararles el desayuno, luego…” y así me describió su día, el día común, en el que no pasa nada novedoso ni especial. De verdad que no podía entender cómo podía querer hacer lo que hacía siempre, si además siempre estaba cansada por tener que hacer eso… Llegué a pensar, en ese entonces, que mi mamá no era tan inteligente como yo creía….hasta que esa noche de mi cumpleaños #32, 17 años después, entendí a que se refería, entendí porque se rió. Esa noche, muerta de cansancio, después de un día extremadamente largo y estresante, dónde mi cumpleaños no significaba nada, me pregunté a mí misma, ¿que haría mañana si fuera mi último día de vida? y la respuesta fue: “Haría lo mismo que hoy, lo mismo de todos los días, aunque no dé más de cansancio, aunque no tenga tiempo para mí, (quizás si fuera el último día pierda menos la paciencia y disfrutaría más, incluso de cada berrinche) pero no hay ningún plan, por más maravilloso que parezca, que supere a mi día a día con mis hijos y mi esposo” Y ahí entendí, ya no sólo a mi mamá, entendí que por primera vez en mi vida, siento que estoy con quiénes y dónde debería estar, haciendo lo que tengo hacer. A los 32 años, no tengo dudas, al fin he llegado a “MI HOGAR”.

Yo, mamá y más.

Ya son años, que ante las típicas preguntas…, al conocer nuevas personas:
– “¿Vos quién sos? ¿Qué hacés?”
– “¿Trabajás? ¿A qué te dedicas?”
O al coincidir con alguien que no veo hace tiempo:
– “¡Ey… !! ¿Que se hizo de tu vida?”
… me encuentro respondiendo siempre de la misma manera: “Yo, mamá”
Cuando noto que estoy haciendo aquello que juré (por mi vida) que nunca haría, como explotar y gritarle a mis hijos, o dejarlos ver TV por 3 horas seguidas para poder cumplir, a las apuradas, con alguno de los quehaceres de la casa y tener al menos 5 minutos de paz. Me agarra una de esas “crisis de identidad”, como la que tuve al ver que mi gran logro de volver a entrar en mis jeans favoritos, no era más que una victoria pírrica porque lo que quedaba por arriba del jeans, no se parecía en nada a lo que era antes y al mirarme al espejo ya no me reconocía… , y así cómo éstos, hay millones de ejemplos más, cotidianos, inesperados (de esos que te dan una bofetada de realidad) que causan pequeñas (y a veces gigantes) crisis de  identidad, de cambio, de reajustes..  que me llevan a cuestionarme … ¿Quién soy?, ¿Qué me pasó?, ¿Qué cambió?…
Y ahí también, me respondo: “Yo, mamá”.
Es una definición repetitiva, ya casi automática, que lo abarca y explica todo, (tipo: “Yo, robot”).
Pero hay más, ¡Claro que hay más! También soy mujer (en una sociedad terriblemente machista, donde las mujeres somos permanentemente cuestionadas, y a la vez somos tan responsables como los hombres, y a veces algo más, del machismo que nos aqueja). También soy esposa, hija, hermana, amiga… Soy ama de casa, (por cierto, este título “ama de casa”, me sabe a estafa, pero haré mi descargo en otro post), con 4 hijos, a veces 5 si cuento a mi esposo y 6 si incluyo al gato, por lo tanto, también soy un conjunto de proyectos en estado “PENDIENTE”, esperando la oportunidad de convertirse en parte activa de mí.
Así que… aquí estoy, Soy Yo, Mamá y Más, porque ser mamá me define, así como mis otros roles también me definen. Es imposible desligar una parte de las otras (incluso las pendientes), somos un todo, y somos ese todo a la vez, en todo momento. Por eso creo en aquello de que; Así como somos en las circunstancias triviales, así también somos en los momentos cruciales.
“Yo, mamá y más” es un espacio donde comparto desde mi maternidad, Mi Todo.
Lo escribo, porque me es útil.
Lo comparto, por si te sirva a vos en algo.
Y soy y seré sincera en todo, para mis hijos, por si el día de mañana necesitan saber de su infancia desde mi vivencia real, mis sentimientos y mis limitaciones. Y no desde el discurso típico de madre, el políticamente correcto, el que todos escuchamos, el que no responde nada… porque “Fué Todo Maravilloso” y todo lo que se hizo fue siempre “Por Tu Bien”.